| "Se
buscaron, sin saberlo, durante mucho tiempo,
durante una eternidad, por todo el Universo.
Se necesitaban sin poder
definir por qué, ni para qué.
Aunque así lo sentían nunca
se habían visto. Quizás se parecían,
quizás eran distintos, pero se reconocerían
con sólo ver, oír o tocarse.
Había algo único en cada uno
que lo haría reconocible: sus formas,
sus sonidos, sus movimientos...
Percibían cierto
vacío y su instinto o inteligencia
les hizo suponer que con sólo encontrar
al otro ese reflejo o sentimiento no ocuparía
más más sus pensamientos a cada
instante, en sus ratos de ocio, en los momentos
de esfuerzo...Pero, ¿en qué
encontrarlo?. En una mirada, en un lenguaje,
en un contacto corporal que, sin proponérselo,
ansiaban tanto como la vida y la muerte. Un
vacío oculto en el cuerpo, en la mente
o tal vez en el alma de ambos. Algo que está,
algo que falta. Una necesidad o deseo. La
Naturaleza o la ambición por lo desconocido
en los genes, en la sangre, en el sueño
o en la consciencia: un dolor, un bienestar
en uno y en otro.
Un vacío que
no se satisface cuando el viento les acaricia
el rostro, cuando el agua calma su sed, cuando
la tierra proporciona abrigo.
Algo diferente a cualquier
vivencia, a los demás seres, a la lluvia,
al frío o al calor. Una experiencia
inicial en la historia. Un momento. Un comienzo
y final.
Se busaron, sin saberlo,
durante mucho tiempo, durante una eternidad,
por todo el Universo, por toda la milonga,
que es como decir lo mísmo.
De "Aquellos que
buscan",
Buenos Aires, junio de 1994. |